domingo, 22 de noviembre de 2009

Comicurioso


Quedarse anclado en lo que conoces te puede dar seguridad, pero te priva de sorpresas y en este caso, me he llevado una de las muy agradables. Pese a ser un enteradillo, uno no lo sabe todo y dentro de la búsqueda de cómics para el trabajo de Didáctica de la Historia, cayó en mis manos (gracias, Tam) esta obra.

El autor, Art Spiegelman, además de querer superar la difícil relación con su padre, intenta ordenar los recuerdos de éste, superviviente del Holocausto judío; cuenta sus vivencias en los diversos guetos de Polonia, su paso por campos de internamiento y su estancia en un sitio de macabra evocación para toda persona bien nacida: Auschwitz.

Una de las curiosidades es la escenografía: blanco y negro, líneas duras, que evocan el drama que cuenta (aunque tiene algunas gotas de humor muy buenas), un aire cinematográfico tipo cine negro.

Otra de las características más notables es la utilización de animales para agrupar los personajes: los judíos se representan como ratones, un francés como rana, los alemanes como gatos y los polacos como cerdos.

Un drama relativamente cercano, ya que ocurrió en países vecinos al nuestro, sobre el que se ha vertido mucho análisis últimamente (al igual que el autor, sientes que los últimos testigos mueren y se pierde la experiencia en primera persona), y no exento de cierta polémica en cuanto a las intenciones que lleva alguno de esos estudios.

A mí, personalmente, me parece inasumible tal cantidad de maldad, de dolor y de muerte. Y lo peor es que no puedes considerar que eso desaparezca: ahí tenemos el ejemplo de la desintegración de Yugoslavia, con casos similares en la época en que concedieron el Pulitzer a esta obra, en 1992.
Tener un apellido que termine en "ik", "ic" o "ez" o "echea" no debe ser razón para ser considerado ni inferior ni superior a ningún otro humano.

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